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miércoles, 7 de octubre de 2009

James Hunter @ Bilbao (crónica, con pataleta incluida)


Una de concierto y mini vacaciones con extra despotrique, por Alberto Valle

Parte 1, la pataleta.

En plena vorágine de descubrimiento de lo “retro” como tendencia chupicool, uno asiste a episodios de patetismo como ver a fashion victims desdichadamente disfrazadas de delincuentes o de pin ups de los años 50 (la mayoría de los/las cuales tendrán serios problemas, cuando constaten que los man’s ruin ya no están ‘in’ en los clubes de gentes guays, pero que su cuerpo va a seguir cubierto por los mismos, y para siempre), o a casos de éxito masivo de gente como Duffy que… en fin, ¿qué quieren que les diga? ¿Que mola? ¿Que es mejor el OT inglés que Chenoa? ¿Que hay que conformarse con el mínimo común denominador de las cosas?

Si a esto se suma un amor desmedido por el despotrique por parte de quien esto suscribe, el plato está servido y parece que semejante tesitura nada bueno nos puede deparar.
Se diría que estamos irremediablemente abocados a ver cómo el sistema se apropia de las señas de identidad del underground para banalizarlas, bastardizarlas y convertirlas en moneda de cambio para cazatendencias y demás operadores del tinglado de esa modelnez -con ele de lelo- irritante. Y, para más inri, crear productos como la mencionada cantante, tan creíbles como aquel episodio del Equipo A en el que sale Boy George actuando en una taberna repleta de exultantes rednecks y cowboys paletos, aplaudiendo todos con júbilo al artista.

Pero, por mucho que nos guste regocijarnos en esta miseria, que tan bien nos sirve de coartada para escupir veneno por nuestras boquitas, hay que reconocer que no todo es catastrófico.

No hay mal que por bien no venga, y si algo permiten estas tendencias que tanto asco nos dan (y que, como tales, no van a dejar de parecernos deleznables, eso ya lo avisamos) es que se pueda traer en vivo hacia estas latitudes a personajes con fundamento y total credibilidad como James Hunter; a quien tuvimos el placer, Sara y yo, de ver durante nuestras recientes (merecidas, sudadas, ganadas a pulso) mini vacaciones por Euskadi.

Parte 2, contexto

Quienes se quedaron en Barna no pudieron más que ver al artista en medio de una enorme plaza, rodeados de decenas de miles de personas a las que igual les habría dado estar viendo a Chimo Bayo… Nosotros pudimos, en cambio, disfrutar del pirotécnico show de Hunter en un local como el Kafé Antzokia, con un aforo de unas 400 personas, un sonido excelente, un escenario de madera y, para acabar de rematar la jugada, posicionados en primera fila.

Ya de entrada, reconocerán que entre un club repleto de gente específicamente interesada en ver al artista que actúa, y una explanada inmensa, repleta de familias con niños, calorros que pasaban por ahí y gentes con chuchos y dreadlocks que vieron el agua por última vez cuando el No-Do aún se emitía, resulta bastante más apetecible la primera opción.

Parte 3, el concierto (que ya era hora)

Y ahora, al meollo: Hunter. Pequeñito, cool, cockney, pinta de borrachuzo, sonrisa de oreja a oreja y amor desmedido hacia gente como Sam Cooke (sólo hace falta oír su Carina, para que no quepa la menor duda al respecto) o los Five Royales, de los que se marca una divertidísima versión de su celebérrimo Don’t Do It.

Una exquisita retahíla de temas propios conforma un repertorio donde, acaudillada por el brillo vocal y el talento a la guitarra de Hunter -auténtico showman de los que ya no quedan-, una muy competente banda (contrabajo, órgano, batería + 2 vientos) oscila entre el early Soul, elementos jamaicanos, el R&B menos obvio y salpicaduras de Jazz.

Desde luego, una experiencia que tardaremos en olvidar, y firme candidata a mejor concierto del 2009.

Cabe destacar además cómo, el encuentro durante el bolo con amigos vascos y maños, derivó en fiesta post concierto borrachuza en el Bullitt, donde –tras los platos- Igu “Allnighter” deleitó al respetable con temazos de gentes como Johnny Otis, Howard Tate o Deirdre Wilson Tabac; mientras Sara y yo tratábamos en vano de salir de nuestro shock tras el alucinante concierto que acabábamos de presenciar.

Parte 4, epílogo y pataleta reprís

Lo que para muchas gente es tendencia y moda pasajera, para un puñado de otras personas es una forma de vida, de entender las cosas, y hasta de emborracharse, si me apuran. James Hunter, quien lleva atesorada ya una solvente y creíble carrera (¿o se creen que empezó anteayer?), es obvio de dónde viene. Y su forma de emborracharse es la misma que la nuestra: de música, matarratas, ritmo y pasión.

El zumito de maracuyá que se lo beba Duffy.

Gora James Hunter.


[En la imagen que ilustra este mamotreto en código binario: Hunter dándolo todo sobre el escenario del Antzokia, hábilmente capturado desde la primerísima fila –y sin perroflautas de por medio- por Sara. Para más información sobre Hunter, dense el garbeo de rigor por nuestra sección de links]